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El clamor de las víctimas y la ética de la memoria


El tema de la memoria desde una mirada filosófica fue otro de los temas desarrollado en el Congreso de Posmemoria y Conflicto en el Mundo Contemporáneo, desarrollado por la UPB y Uniclaretiana.
 
La conferencia Ética de la memoria, una respuesta filosófica al clamor de las víctimas, a cargo del doctor Néstor David Restrepo Bonett, quien además de ser filósofo, teólogo, magíster en Filosofía y con estudios doctorales en Filosofía Política en la Universidad Gregoriana (Italia), es el actual Secretario de Educación del Departamento de Antioquia y experto en derechos humanos y políticas públicas.
 
A su vez se ha encargado de estudiar la resolución de conflictos urbanos, la filosofía contemporánea, la historia de la violencia y los conflictos en Latinoamérica, con énfasis en Colombia; la relación entre memoria y filosofía y el vínculo entre ética y política.
 
Uniclaretiana decidió ahondar en el tema y en conversación con al doctor Néstor Restrepo, compartió elementos fundamentales para entender el concepto Ética de la memoria.
 
¿Cuál es el papel social de la ética de la memoria?
Para empezar, el silencio no hace parte de la ética de la memoria.  La ética de la memoria hace que lo que hasta ahora era considerado insignificativo sea altamente significativo. Sin la ética de la memoria las injusticias pasadas dejan de ser injusticias porque dejan de existir. La ética de la memoria se hace necesaria para que los recuerdos individuales de las víctimas se tornen memorias colectivas.
 
La pregunta que plantea la ética de la memoria es sobre quién recae la responsabilidad por los crímenes cometidos, aquí no se trata de buscar culpables, eso se le deja a la justicia. Lógicamente hay responsables, porque tampoco es evadirlo, la pregunta es sobre la responsabilidad ante la barbarie, la cual recae sobre todo en los sobrevivientes que han construido su cotidianidad sobre la historia nunca escuchada o peor aún sobre la historia nunca conocida.
 
¿Cómo entra el dolor a mediar con la ética de memoria?
El dolor no se deja comprender sin recuperar la perspectiva del individuo que se ha transformado por él, de modo tal que la necesidad de conocer la verdad del dolor se convierte en la llamada de aquellos que lo han padecido, para que nunca callen su testimonio, el cual, no es el testimonio del perdedor, un perdedor carente de esperanza, sino, el de un narrador que exige ser escuchado para que se conozca su versión, sus conocimientos vitales, no como espectador y testigo, sino como protagonista de la barbarie, conocimientos que muchas veces genera la necesidad de leer la historia, una historia a veces falseada por los ganadores.
 
La memoria hace referencia al no olvidar con afán de venganza, se trata de justicia pues desde ella se evita la repetición de la barbarie. Cuando la memoria es solo el recuerdo del pasado, pero no es capaz de transcender el tiempo, tiene que ser sometida a crítica y análisis, porque de lo contrario inundaría el presente de un pasado, cuyo recuerdo literal solo generaría violencia.
 
¿Es cierto lo que nos decían desde la escuela que perdonar es olvidar?
A nuestra generación nos enseñaron que el perdón va ligado al olvido, pero no se trata de olvidar. El olvido no es humano, tanto así que el cuerpo con el tiempo, pasa factura de lo sucedido, aquí no podemos hablar del olvido porque olvidar sería borrar de la historia, el dolor que ha acontecido, entonces si olvido el dolor que un día me proporcionaron lo estoy justificando. Esto significa que la memoria se convierte en una urgencia manifiesta de una cultura contra lo inhumano.
 
¿Cómo construyen las víctimas su memoria?
Es el sujeto, el sobreviviente, el que no trata de olvidar los crímenes pasados, sino de aprender a vivir con los crímenes de la historia, bloqueando cualquier intento de repetición. En el fondo no es el pasado el que enseña el futuro, sino al contrario, es el futuro, como anhelo, como deseo, como esperanza, como horizontes de expectativas, como un mundo de comienzo y de natalidad el que enseña el sentido del pasado. La ética de la memoria entonces, como opositora a la cultura de lo inhumano, no se refiere al manejo del comportamiento, frente a personas con las cuales, hay una relación directa, sino como un modo de atender las relaciones con aquellas que no son porque murieron en la barbarie.
 
¿Qué elementos se deben trabajar en la sociedad para que la memoria no pierda su ética?
No podemos pretender, dejar a un lado, lo que ya ha pasado, escribir o empezar de nuevo y así en mi opinión personal hay que contársela a la generación de hoy y a las generaciones que vienen que esto ha sucedido no es una película de terror, es la vida real. Y es muy distinto cuando la leemos sencillamente como un hecho a cuando la leemos como un acontecimiento, entra a responsabilizarnos, esa lágrima, ese reclamo, esa ausencia, debería ser el sentimiento de toda la sociedad que rechazamos la barbarie y alcanzamos incluso a tener un mínimo de compasión y expresamos “que dolor”, “que verraquera” y por dentro pensamos “ojalá nunca me pase”, “ojalá yo no tenga que vivir eso”, cuando lo vemos allí proyectado en la pantalla o en la primera página de un periódico.
 
¿Cuál es la conclusión más importante que le ha dejado todos estos años de estudio sobre la memoria, la violencia y los conflictos?
Lo más importante ha sido entender que se hace memoria porque allí precisamente está el comienzo de la identidad, que es hacer la historia de la indignidad, un aporte a la dignidad de la vida, mi conciencia y mis vísceras dictan la responsabilidad de hacer, que aquellos que fueron sacrificados sigan existiendo, que aquellos que ya han muerto sigan vivos. La memoria no nace de un acto humanista, es tratar de hablar y educar frente a lo que sucede, para que no vuelva a suceder. Porque la memoria no es un gesto ni un maquillaje, es una responsabilidad ética, incanjeable que nace de la misma trama de la historia, es la manera más honda y real de hacer resistencia para que la muerte no quede en el olvido, mientras los otros seguimos viviendo.


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